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Vida Abundante Uruguay - Lunes 7 de Junio 2021 

Miedo a la soledad

Por: María Eugenia Marichal

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Salmo 25: 16 (NTV) ¨Vuélvete a mí y ten misericordia de mí, porque estoy solo y profundamente angustiado¨

 

Seguimos con la serie; ¨Viviendo sin temor¨, y hoy vamos a continuar reflexionado sobre el miedo a la soledad. Este miedo lo hemos experimentado todos a lo largo de la vida, no importa la edad, desde un niño hasta un anciano puede experimentar soledad. Aún nosotros los cristianos podemos pasar por esta clase de miedo. No estamos exentos de sentirlo, es parte de nuestra naturaleza caída. Hay momentos en que esta emoción o sentimiento de soledad pareciera abrazarnos y abrumarnos.

 

Sin embargo, al igual que todos los demás miedos que hemos venido desarrollando en esta serie, podemos afrontarlos con la Palabra de Dios. Para el miedo a la soledad, Dios también tiene la respuesta que necesitamos. 

 

Desde la caída del Hombre allí en Génesis, cuando hubo una separación de este con Dios a causa del pecado, esta emoción ha estado latente. Cuando fuimos creados uno de los propósitos de Dios era que nos relacionáramos con Él. Y sabemos que para que haya una relación, se necesitan dos o más personas. La soledad no fue creada por Dios, es la separación de Él la que ha dado lugar, o provocado que el ser humano experimente este miedo. Pero hay una buena noticia, Jesús vino en forma de Hombre para restaurar nuestra relación con Dios y para que contemos con Él en todo tiempo. 

 

Hablamos de la cruz de Jesús, del precio que Él pagó por todos nuestros pecados, de Su sacrificio pero hoy es necesario reflexionar un poco más de su experiencia allí en el Calvario. Jesús padeció como ninguno de nosotros la separación total y parcial del Padre allí en la Cruz. 

 

a) El Padre abandonó por completo. Jesús se expreso de la siguiente manera; ¨A eso de las tres de la tarde, Jesús clamó en voz fuerte: Eli, Eli, ¿lema sabactani?¨, que significa ¨Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?¨ Mateo 27:46 (NTV)

 

b) Jesús padeció ese sentimiento de soledad allí en la cruz. Esa separación momentánea del Padre hizo posible la restauración de nuestra relación con el Padre. 

 

La soledad que Jesús experimento allí en la cruz llevó a que no solo nuestra relación con el Creador del Universo fuera restaurada sino que también ese sentimiento de soledad, de vacío y de orfandad fuera absorbido por la misma presencia, amor y compañía del Espíritu mismo de Dios, Su Espíritu Santo.

Cuan indispensable y trascendental es la llenura del Espíritu, buscar ser llenos de Él, esto con el fin o propósito para que ese miedo a la soledad sea absorbido o envuelto por Su presencia. 

 

Podemos sentir miedo a la soledad pero en esos momentos invitemos al Espíritu de Dios a llenarnos. Dios Padre tuvo que darle la espalda a Su Hijo muy amado para no tener que darnos la espalda a nosotros y que pudiéramos experimentar su constante presencia en nosotros a través del Espíritu Santo. ¡Jesús murió en soledad para que nosotros recibiéramos al Consolador, esto es al Espíritu Santo! 

 

Volviendo al pasaje de Salmos 25: 16, David tuvo momentos donde se sintió solo, momentos por los cuales también nosotros pasamos. Ante tales momentos, sabemos que contamos con la preciosa persona del Espíritu Santo y además podemos recordar los siguientes cuatro puntos. 

 

1) La constante comunión y/o comunicación con nuestro Padre. 

Tenemos la promesa allí en Mateo 28: 20b (NTV) ¨Y tengan por seguro esto: que estoy con ustedes siempre, hasta el fin de los tiempos¨. 

 

Tener presente a Dios y su promesa de estar siempre con nosotros hacen que ese miedo a la soledad sea ahuyentado y no encuentre un hueco donde venir a habitar permanentemente. 

 

Somos la habitación del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19). Además en Salmo 139:7 dice que jamás podríamos escaparnos de Su Espíritu, que jamás podríamos huir de Su Presencia.

 

Podemos sentirnos solos pero el punto es que no lo estamos. Hay momentos en que sentimos que Dios está lejos e inclusive ausente, pero hay una diferencia en lo que sentimos y la verdad. Dios siempre está independientemente del sentimiento de soledad que experimentamos. Nuestra mente puede decirnos estás solo/ a pero la Verdad que es Jesús nos dice y establece lo contrario. 

 

2) El pedir perdón y recibirlo de Dios nos liberta del miedo a la soledad. 

Como decíamos al principio, el pecado, la caída del Hombre provocó la separación de Dios. Y para restaurar eso Dios Padre dio el primer paso, nos proveyó de Su Hijo, del Cordero Santo, para darnos perdón de todos nuestros pecados. Lo que nos hace disfrutar de este beneficio es aceptar el regalo del perdón de Dios. Recibir y aceptar que Jesús ya lo hizo todo por nosotros, o sea pagar por nuestros pecados nos liberta de toda clase de miedo, incluso el de la soledad. El propósito de este regalo:

. Es restaurar nuestra relación con Él. Libertarnos del miedo a la soledad.

. Es restaurar nuestra relación con el prójimo. 

No podemos olvidar que fuimos creados para relacionarnos con Dios y con el resto de los seres humanos. El Evangelio, las Buenas noticias no tendrían sentido. Lo cual nos hace pensar una vez más, la soledad no fue el diseño original de Dios. Todo fue diseñado por Dios para que pudiéramos disfrutar de nuestra relación con él y los demás. 

Con esto damos lugar al tercer punto.

 

3) Relacionarnos es un aprendizaje. Aprender con quienes podemos construir relaciones sanas y que nos guíen siempre a Jesús.  

Si bien fuimos creados con el propósito de relacionarnos entre nosotros, lo cierto es que el pecado ha hecho estragos y necesitamos de la ayuda de Dios para ser sensibles y atentos con quienes podemos construir lazos sanos que nos edifiquen y no nos lleven a sentirnos más solos aún. Identificarnos con Jesús es el primer paso, los demás se encuentran al igual que nosotros en proceso de restauración y sanidad. Elegir a las personas correctas nos presenta un desafío, no porque no fallemos ni porque ellos no nos fallen sino porque las personas correctas muestran frutos en medio de los procesos. Al mirar a Jesús y su relación con los discípulos podemos ver que eran personas en proceso pero El permaneció al lado de ellos porque veía los pequeños cambios. Así y con ese ejemplo podemos conectar con personas que sean las correctas y que nos lleven a no sentirnos solos sino acompañados. En la Biblia podemos encontrar un ejemplo de esos amigos que Dios no quiere a nuestro lado, lo podemos leer en el libro de Job. Y orar como Jesús oro por sus discípulos a los cuales llamó de amigos. Lucas 6: 12, Juan 15:15. 

 

Jesús cuidó de sus amigos, eran importantes para él, no perdió ni a uno solo de los que le dio el Padre (Juan 18:9). 

 

Hoy nos encontramos en medio de una pandemia que nos quiere mantener lejos y solos pero hay herramientas que podemos usar, la tecnología es una de ella. Podemos llamar, escribir, hacer video llamadas, etc. quizás es tiempo de verlas como una herramienta o recurso provisto por Dios para estar atentos a la soledad que puedan sentir los demás. Estamos solo a un paso de ser respuesta para quien se siente solo.

 

4) ¡no sentir miedo de pedir ayuda! 

Hablando de miedo, no tengamos miedo de pedir ayuda. Puede que en otras oportunidades nos hayan rechazado cuando necesitábamos ayuda, puede que haya habido personas que no estaban capacitadas para darnos la respuesta a esa soledad que sentíamos. Pero Dios es un Dios de oportunidades, y de respuesta segura a nuestra soledad. Nunca estamos solos, aunque así lo parezca. Como decíamos al principio el único que soporto en todo el sentido de la palabra la soledad fue Jesús. Y hoy es quien está allí pegado a nosotros, está en nosotros a través del Espíritu Santo y quien va junto a nosotros donde quiera que vayamos. En los momentos que experimentemos miedo a la soledad podemos recordarle a nuestra alma, o sea a nuestra mente estas verdades. Podemos recordar que no podemos huir de Su Espíritu 

 

Deuteronomio 31:8 ¨ No temas ni te desalientes, porque el propio Señor irá delante de ti. Él estará contigo; no te fallará NI TE ABANDONARÁ¨

 

Padre, Abba, gracias por recordarnos que no debemos sentir miedo a la soledad. Te tenemos a ti siempre, tu presencia, tu Espíritu Santo. Contamos contigo, tu amor es incondicional. Gracias por restaurar nuestra relación contigo y a ti Jesús por soportar la soledad en tu muerte. 

 

PD: recordamos leer y meditar en las Escrituras todos los versículos expuestos aquí.  Dios te recuerda, ¡No estás solo/a!