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Vida Abundante Uruguay - Miércoles 17 de agosto 2022 

¿Será esta batalla?

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 2 Reyes 23:25 (RV1960) ¨No hubo otro rey antes de él, que se convirtiese a Jehová de todo su corazón, de toda su alma y de todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés; ni después de él nació otro igual¨

 

No hubo otro rey antes de Josías ni después de él que se volviera al Señor con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas. Deuteronomio 6:5, ¨Ama al Señor tu Dios con toda tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas¨. Convertirse a Dios (RV1960), volverse a Dios (NTV) es amarle, por eso la Palabra dice que no hubo otro rey como él, no por lo perfecto de su obediencia (2 Crónicas35:20-27) sino por la intención de su corazón. 

 

Deuteronomio 17: 19 dice: ¨… y leerá en él (la ley) todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar estas palabras de esta ley y estatutos, para ponerlos por obra¨. 

 

Dios obra en la vida de quienes lo buscan. Josías comenzó a buscar a Dios a temprana edad (2 Crónicas 34:1-3), en el  proceso cuando alcanzó la madurez suficiente en su carácter debido a su  búsqueda de Dios limpió a Judá, a Jerusalén y otras ciudades (2 Crónicas 34:3-7) de los ídolos. La reparación del templo de Dios (2 Crónicas 34:8) no se hizo hasta después de haberlo limpiado de lo que no servía. En medio de la reparación encontraron el libro de la ley, Josías oye las palabras del libro y cae en cuenta de su pecado y el del pueblo. ¿Podemos notar algo en este proceso? ¡Sí! La gracia de Dios es ¡impresionante! ¡Josías no conoció hasta mucho tiempo después lo que estaba escrito! Pero Dios en Su gracia viendo la disposición de Josías lo va guiando hasta ese encuentro donde el rasga sus vestidos, señal de arrepentimiento. El proceso no termina ahí, celebra la pascua junto al pueblo y sigue limpiando el templo.

 

Así pasa con nosotros, Dios sigue limpiando nuestras impurezas en el proceso de santificación.

 

A pesar de todo esto, Josías no fue perfectamente obediente, terminó en una batalla a la que Dios no lo había enviado. Pensemos, quizás nosotros también podemos estar peleando una batalla que Dios no nos envió. ¿Será así? 

 

Padre, queremos ser obedientes. Dinos si vamos por buen camino. 

Por: María Marichal