• Vida Abundante Uruguay

Vuelve a Casa.


Por Leticia Viera.


¿Cuánto tiempo hace que no experimentas un abrazo, pero de esos que llegan hasta el alma? Esos abrazos que traen calma, que te hacen sentir seguro. Son los que sanan, que olvidan, que restauran. Son abrazos que hacen que broten lágrimas y felicidad al mismo tiempo. Que no miden condición social, ni edad ni tiempo.


Abrazos que dicen todo, sin que brote palabra alguna. Abrazos que quieres que duren para siempre. Abrazos que envuelven el alma. El alma de un perdedor. El alma de un malviviente. De alguien que tal vez no merece que le abracen y reciban en el hombro o en el pecho de alguien. De un pecador que se mira así mismo y no encuentra lugar en este mundo, sino rechazo y un listado de obstáculos que se encuentran en una larga lista. Que repelen y descalifican para ser digno de ser amado y de ser abrazado.


Hace pocos días, una vez más, meditaba en la parábola del hijo pródigo (Lucas 15:11-32). Una enseñanza de Jesús a la multitud que estaba allí.


En la historia, ese hombre tenía dos hijos. Uno pidió su herencia y se fue, mientras el otro quedó en casa con su padre. Poco tiempo después, el que pidió su herencia, decidió irse a un país muy lejano y vivió desenfrenadamente, derrochando toda su herencia, hasta que quedó sin nada.


Luego, llegó la crisis, el hambre, el frío, el abandono de todos aquellos que estuvieron con él interesadamente. La miseria, física y en su alma, le hicieron recapacitar y anhelar volver a casa.

Estaba lejos, completamente perdido, desgastado, deseando comer el alimento de los cerdos que cuidaba.


Al fin recapacitó y decidió matar a su “yo”, guardar la lista de los múltiples hechos que lo descalificaban, para regresar. En el camino pensaba, “¿será que me vuelve a recibir?”, “ya no merezco ser su hijo, tal vez el trato sea como alguno de sus jornaleros o peor”.

Tal vez en el camino de regreso ensayaba su discurso y la larga lista de reproches que pudiera tener, o, incluso, la opción de no ser aceptado. Pero, ya estaba en camino. No había vuelta atrás.


Todavía estaba lejos, cuando su padre le vio y se compadeció. Salió corriendo a su encuentro. Lo besó y lo abrazó (versículo 20).


Imagínate esa escena. El padre lo estaba esperando. Sólo abrió sus brazos y corrió a su encuentro. La intensidad de ese abrazo y recibimiento, hizo detener el tiempo y borrar toda culpabilidad. El listado de múltiples ítems que lo alejaba y lo hacían indigno, fue borrado por las lágrimas que brotaban de ambos.


Y su papá hizo fiesta por el muchacho.


Esta parábola revela el corazón del Padre que anhela que vengas a sus brazos. Él siempre te espera.


Tal vez te encuentres como ese hijo perdido. Poniendo excusas o atrapado en un listado de impedimentos para regresar, pero la invitación es “VUELVE A CASA, VEN A SUS BRAZOS”. Tal vez te encuentres en la condición de su otro hijo, que no estaba perdido físicamente, pero, perdido dentro de su propia casa.


No tenía una intimidad con su papá. No disfrutaba de que él siempre estaba ahí y que podía hacer uso de sus beneficios y favores.

Sea en la condición que sea, vuelve, regresa, porque él te espera. Ven a esos brazos que abrazan el alma y sanan cualquier dolencia. Que perdonan cualquier falla.

Hay seguridad en sus brazos. Hay salvación eterna. Tal vez, no te sientas hijo de Dios, o, no conoces a ese Dios paternal que te conoce, que pensó y piensa en ti, desde antes que nacieras. Pero sí hay algo que tu alma busca: es ser hallado.


Corre, regresa. Él está con sus brazos abiertos, esperándote para recibirte siempre.

“...Con amor eterno te ha amado y por eso te sigo mostrando mi fiel amor...” (Jeremías 31:3 PDT)

Leticia es profesional en el área de la salud, está felizmente casada con Federico y juntos tienen dos hermosas hijas. Actualmente Leticia es quién esta cargo de VAU KIDS, nuestro espacio para los más pequeños de la casa. Leticia también forma parte del Servicio Comunitario Siembra, y junto con su esposo, pastorearon durante 10 años el Ministerio Cristiano Nuevo Pacto, en Montevideo.


0 vistas

© 2020 Vida Abundante Uruguay

Montevideo - Pocitos, Luis lamas 1442 Y 1446 - Tel: 097-494-924