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Un huésped inesperado.



"¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos" Apocalipsis 3:20


En estos días festivos la gran interrogante es con quién vamos a celebrar la Navidad y el Año Nuevo.


Con muchos días de anticipación, la mayoría, se prepara para esa cena y encuentro de familia y amigos. Otros, preparan su viaje, compras de regalos, etc.


Pero, este año, ha sido de grandes cambios, imposibilidades y desafíos.


Hemos experimentado gran incertidumbre y, tal vez, han surgido muchas inquietudes, angustia e inseguridad.


De alguna forma, en gran o pequeña magnitud nos ha afectado.


Tal vez somos parte de una familia desempleada, o, que está enfrentando temas de salud o transitando un duelo. Quizás tienes que abandonar tu hogar y afectos.


En consecuencia, la soledad, el desánimo, la incertidumbre, la angustia y el miedo han sido los huéspedes de nuestra casa.


Esos huéspedes nos han traído desesperanza, amargura, e, inclusive han empañado la manifestación y el cuidado que Dios ha tenido sobre nosotros; porque Dios es bueno en todo tiempo, y, todo subsiste por El y para El.


Pero es tiempo de tomar decisiones. Dejar ir a esos huéspedes que hemos retenido por mucho tiempo y abrazar a un futuro esperanzador que está a tu puerta llamándote.

Jesús es esa esperanza que hace dos mil años vino a este mundo en un pesebre porque no hubo un mesón que le abriera su puerta.


El mismo Dios renunciando a su deidad para venir a nuestro encuentro.

Tal vez tú y tu hogar se encuentran como ese establo: sucio, maloliente, inhóspito para recibir a un rey, pero para El eso no es obstáculo sino la oportunidad de estar contigo.

Frente a su llamado insistente, ¿estamos con la actitud correcta?


1 ¿atentos o distraídos a su llamado?

2 ¿dispuestos a abrirle una vez más nuestro corazón y obedecerle?

3 ¿humildes para reconocer que le necesitamos con arrepentimiento sincero?

4 ¿deseamos su compañía y comunión?


La buena noticia es que Él nos ofrece su amistad y compañía. Promete estar con nosotros siempre. En este nuevo año no lo dejemos afuera, es tiempo de reflexionar y retomar la comunión y amistad. Es tiempo de disfrutar de su bondad y favor.


La mesa ya está preparada ,el desafío no es qué poner sobre ella sino con quién decidimos estar .


"El huésped portador de esperanza ya está a la puerta y una vez más nos llama".


Por Leticia Viera.

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