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Ansiedad extrema


Por Leticia Viera. ¿Qué es la ansiedad?

Es una emoción común que nos pone en alerta frente a ciertos riesgos. Es un estado mental que se caracteriza por una gran inquietud, excitación extrema e inseguridad capaz de provocar angustia, miedos, preocupación desmedida.  

 

Sin embargo, cuando estos estados son frecuentes y repetitivos, alcanzan un máximo punto en minutos presentando síntomas como palpitaciones, sensaciones de ahogo, sudoraciones, miedos y ataques de pánico.

   

Es en esos momentos extremos, difíciles de controlar, donde te encuentras en un estado de extrema ansiedad, lo cual es una alerta en lo que se refiere a nuestra salud mental y emocional.

En lo personal, este enemigo muchas veces silencioso, se ha tornado una pandemia en la sociedad actual no respetando edad ni sexo.  

 

¿Te has sentido así?. Yo sí. Te confieso que lo experimenté y día a día le doy gracias a Dios por calmar mis ansiedades y apaciguar mi corazón.

En ocasiones el temor constante y la sospecha de peligro de muerte inclusive te hacen caminar sobre un terreno movedizo, incierto, inseguro, amenazador. Es como una celda donde tu mente y corazón no alcanzan ver la luz o la salida de ese estado de inquietud desmedida que va debilitando tu ánimo, fuerzas y fe.  

 

Max Lucado lo describe como estar sin aliento frente a los problemas de la vida.

 

En estos tiempos de locura, cambios repentinos, inestabilidad general, no estamos exentos de padecer extrema ansiedad. Como cristianos también nos abrumamos, y, cuando nos sentimos inquietos o sin paz, asumimos que estamos en un gran problema y nos sentimos ansiosos por sentirnos así, y, por consecuencia, también culpables. Es una cadena de ansiedad, culpabilidad y falta de paz. Nos cuestionamos y muchas veces cargamos, en silencio, la culpa y la miseria en la que nos vemos envueltos.  

 

Estamos en tiempos malos. Las noticias nos invaden en segundos. Batallas constantes de ideologías perturbadoras. Miles luchando con enfermedades. Caos económico. Familias destruidas. Eso es el noticiero de todos los días.  

 

Pero la buena noticia sigue estando. Si, podemos hallar paz en medio de la tormenta. La puerta de la celda está abierta para que miremos al que tiene el control y poder de detener la tempestad.  

 

Pablo nos dice en Filipenses 4:6-7: “Por nada estéis afanosos, o inquietos por nada, más bien con toda oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias, y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús”. O sea, constantemente podemos ser asediados por esos sentimientos en extremo difíciles pero tenemos una salida:

1.- Acerquémonos a Dios en oración y ruego siempre.

2.- Contémosle todo sin reservas.

3.- Descansemos en su soberanía.

4.- Descansemos en su cuidado.

5.- Descansemos en su provisión.

6.- Medita en todo lo bueno.

7.- Renueva tu mente.

8.- No te aísles, pide ayuda

9.- Sé agradecido.

Y, como resultado, la paz de Dios cuidará nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús.

Aférrate a esta verdad. Sólo Él puede darnos paz. Sólo Él puede sobrepasar, superar todo lo que podamos ver y entender. Sólo Él puede cuidar nuestro corazón débil y engañoso. Sólo Él puede renovar nuestros pensamientos. Sólo Él puede apaciguar la tormenta.

Pablo estaba en una celda cuando dijo estas palabras, pero su mente y corazón estaban libres.

¿Quién podría decir algo así en prisión, en persecución? Alguien lleno de paz. Alguien confiado en la soberanía de Dios. Alguien agradecido y complacido en Dios mismo.

Quiero citar una oración de este mismo autor, Max Lucado: “Querido Señor: Le hablaste a la tormenta, ¿podrías hablarles a las nuestras?. Calmaste el corazón de los apóstoles, ¿podrías cambiar nuestro caos interior?. Le dijiste que no temieran, dinos lo mismo. La preocupación nos tiene agotados, las tempestades de la vida nos han azotado y apocado. Oh Príncipe de Paz!!!, concédenos un espíritu de calma. Calma la ansiedad. Danos valor. Permítenos vivir con menos ansiedad y más fe.”

Leticia es profesional en el área de la salud, está felizmente casada con Federico y juntos tienen dos hermosas hijas. Actualmente Leticia es quién esta cargo de VAU KIDS, nuestro espacio para los más pequeños de la casa. Leticia también forma parte del Servicio Comunitario Siembra, y junto con su esposo, pastorearon durante 10 años el Ministerio Cristiano Nuevo Pacto, en Montevideo.


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