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Vida Abundante Uruguay - Martes 29 de Junio 2021 

Misión Imposible

Por: Leticia Viera

Jonás 1:1-4

 

¿Hemos escuchado esta historia? La mayoría tal vez si. Por lo general, recordamos al gran pez que se tragó a un hombre por su desobediencia. 

 

En muchas oportunidades he escuchado preguntar: ¿esta historia es real?. Algunos la han tenido como un cuento o fábula, en algo que no se asemeja a nuestra realidad, o se ha llevado a un escenario bíblico para niños. 

 

Pero, ¡cuánto me puedo identificar con ese relato! Y respecto a la vida de Jonás, ¿tendremos alguna similitud?. Tal vez nuestras motivaciones y realidades no son las mismas, pero en algún punto, frente al espejo, pude ver en mi vida que sí. 

 

En mi naturaleza movida por mis emociones, Jonás y yo nos podemos parecer mucho.

 

Por lo general, nos identificamos con otros personajes, pero, honestamente, nuestra naturaleza tiende a huir o a no asimilar esa gracia que Dios ha tenido con nosotros y que de la misma manera tiene con otros que son “tan malvados”.

 

Jonás es famoso por su desobediencia, su autocompasión e ir en sentido contrario a lo que Dios tenía estipulado para él. La instrucción de parte de Dios a Jonás el profeta, era de ir a Nínive a advertir a las personas del inminente juicio que vendría sobre ellos por sus pecados.

 

Esta nación enemiga de Dios y de su pueblo, era una nación perversa, la capital del imperio Asirio. Uno de los imperios más crueles y violentos de la antigüedad que celebraban sus victorias sanguinariamente con sus victimas en la misma ciudad. 

 

Un contexto complicado para Jonas. El desafío del llamado supera tal vez las expectativas, sin embargo el mandato era claro: un llamado a una misión imposible para él. 

 

Hoy día podemos contextualizar que nos encontramos en una sociedad perversa, enemiga de Dios; que en muchas oportunidades desafían y destruyen a la misma humanidad y creación. Un mundo lleno de intereses, egoísmo y violencia. 

 

Cuando vemos las noticias nos sorprendemos o pensamos que está lejos de nuestra realidad, pero sí sucede, y todos los días. 

 

El llamado es el mismo. El escenario tal vez sea distinto, pero el corazón de Dios es salvar al perdido por más aterrador que sean sus pecados.

 

“Anda, ve a la gran ciudad de Nínive y proclama contra ella que su maldad ha llegado hasta mi presencia”Jonás 1:2. 

 

1-Llamados a ir.

 

Dios  está comprometido con nosotros y nos dará todo lo que necesitamos para cumplir con su mandato, por más aterrador que sea el escenario, muchas veces nos llama a ir adonde no queremos ir, a amar a quienes no queremos amar y a perdonar a quienes nos es difícil perdonar.

 

Obedecer a Dios requiere tomar riesgos. Implica salir de nuestro confort y seguridad. Es un paso de fe y necesitamos ser llenos de su amor y misericordia para ver y sentir lo que Dios ve y siente.

 

¿Cuál es nuestra Nínive? ¿Esa misión que nos aterra y atemoriza?

 

En nuestra naturaleza está el huir como hizo Jonás. Movidos por otras razones mejor es refugiarnos en Tarsis. 

 

Los motivos de desobediencia pueden ser muy variados, pero se trata de sus planes, los cuales quiere cumplir a través de nosotros.

 

Quisiera compartirles unos puntos que he escuchado profundizando en el tema.

 

En la historia de Jonás y en la nuestra: 

 

-Dios es protagonista de la historia. 

-No se trata de nuestros planes, sino de su propósito.

-No se trata de nosotros sino de Él.

-No se trata de nuestra comodidad sino de su misericordia. 

-No se trata de nuestros logros sino de su gloria. 

-No se trata de nuestros sueños sino de  su providencia. 

-No se trata de nuestras fuerzas sino de su poder.

            

El plan de Dios para Nínive es que se arrepintieran y fueran salvos.

 

El mismo plan sigue vigente. No está en nosotros condenar a una sociedad perversa sino en buscar que se arrepientan y crean. Nuestra tarea es proclamar y mostrar su gracia revelada en Jesus:

 

“El no envió a su hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo por medio de él” Juan 3:17

 

Huir de situaciones y de personas que creemos se muevan en un ambiente inhóspito para recibir el mensaje y que sean transformadas, es ir por el camino opuesto al camino y llamado de Dios. 

 

No podemos subirnos a una embarcación y evadir su plan, porque huir de esa responsabilidad muchas veces es huir de Dios mismo; el que nos comisionó. 

 

Lo más peligroso de la desobediencia no está en no cumplir la misión, sino en darle la espalda a Dios e ir en dirección opuesta: ir a un lugar donde Él no quiere que vayamos.

 

“Jonás se fue, pero en dirección a Tarsis, para huir del Señor. Bajó a Jope, donde encontró un barco que zarpaba a Tarsis. Pagó su pasaje y se embarcó con los que iban a esa ciudad” Jonás 1:3

 

Como Jonás, 

 

Muchas veces tomamos un camino que nos parece correcto, pero en realidad es un camino que nos lleva en dirección opuesta a Dios y a su voluntad. Tal vez por alguna razón estás yendo en una dirección opuesta en una embarcación que te ha alejado de Dios: una herida, una relación rota, una decisión, la culpa, pecados etc., pero algo  te hizo alejar de Dios.

 

El Señor te está llamando a estar con Él, este es el tiempo de DIOS para regresar.

 

Puede ser que te encuentres adormecido y el llamado es a ¡levantarse y clamar! Jonas 1:6

 

Las adversidades o el alejamiento nos mantienen adormecidos en medio de las tormenta que nosotros mismos ocasionamos por estar yendo en una dirección contraria. 

 

Él está con sus brazos abiertos para recibirte con su gracia y usa instrumentos para hablarnos y que recapacitemos. 

 

Si estas pasando por una crisis, no huyas como Jonás de su presencia, recuerda que Dios es un Dios de gracia y misericordia.

 

2-Llamados por gracia para actuar en gracia. 

 

La buena noticia es que esa misma gracia que Dios mostró por Nínive y por Jonás, esta disponible para  todos.

 

¿Quiénes podrían estar más perdidos que como lo estuvieron los ninivitas?

 

¿Qué se puede ver más allá de Jonás en el vientre de un pez? Nunca nadie estuvo fuera del alcance de la gracia de Dios.

 

Fuimos rescatados y perdonados, y esa misma gracia puede llegar a cualquier persona como una oportunidad de restauración de redención.

 

La misma misericordia experimentada por Jonás, y la que la vivimos cada uno de nosotros es la que debemos de tener por aquellos que le dan la  espalda a Dios.

 

Esto es por que Jesús, a diferencia de Jonás, y de nosotros en algún momento; no desafío la voluntad de su Padre. Él obedeció, dejó todo, no huyó de la cruz.

 

Jesús absorbió nuestra condenación para que  seamos rescatados y libres.

 

Jesús fue a la cruz por todos aquellos que le dieron la espalda a Dios.   

 

Su obediencia trajo vida a cada uno de nosotros, y es él quien nos dice que nos levantemos y dejemos atrás todo estorbo, y sigamos a la meta mirando la cruz y experimentando la presencia de Dios.

 

Oramos Dios para que nos reveles en donde estamos. 

 

¿Nos hemos levantado para obedecerte? ¿Nos encontramos huyendo? Si es así, ayudanos a levantarnos para clamar a ti. 

 

Una vez más, te pedimos perdón por algun área de desobediencia y adormecimiento.

 

Oramos por un corazón como el tuyo, lleno de gracia para alcanzar a otros. Ven a nosotros una vez más. Queremos escuchar tu voz y que podamos decirte: “heme aquí”. Te lo pedimos en el nombre de tu amado hijo . Amén.