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Vida Abundante Uruguay - Lunes 12 de Julio 2021 

Gracia en la profundidad
del Océano

Por: María Eugenia Marichal

Jonás 2:7 (PDT) ¨Al sentir que se me iba la vida, me acordé del Señor y mi oración llegó hasta ti, en tu santo templo.¨

 

Estamos en la tercera semana de esta serie y ya nos hemos dado cuenta que Dios a través de Jonás quiere hablar profundamente a nuestro corazón. Hay un tema en particular que se entreteje en cada línea de este libro y sobre el cual hoy vamos a reflexionar un poco más, la Gracia.

 

Algunos podemos pensar que más que de la gracia se trata de un hombre que debía ir a predicar arrepentimiento a una ciudad llena de maldad y de pecado, pero no debemos olvidar que Dios derrama gracia donde sobre abunda el pecado (Rom. 5:20).  El ser humano necesita el arrepentimiento de su pecado y maldad y conforme a ello actúa la gracia, ella no tendría sentido en un mundo libre de malicia, la obra de Jesús en la cruz sería en vano, fue necesaria Su muerte en el Calvario para redimirlo. Pensemos en esto, ¿sería necesaria la gracia de Dios hacia los hombres si estos fueran perfectos y libres del pecado? No, realmente no sería así. Desde Génesis hasta Apocalipsis Dios nos muestra Su gran compasión y misericordia. Si la humanidad cuenta con una historia, con hechos y sucesos es por Su gracia, porque más que nuestra muerte eterna Dios siempre ha querido y quiere salvarnos. Y lejos de consumirnos con el fuego eterno quiere abrazarnos con Su gracia, extasiarnos de ella y amarnos con todas nuestras roturas e imperfecciones. No importa cuán lejos queramos huir, ni cuán abajo podamos caer, Su amor y gracia llega, siempre llega si en nuestro corazón hay verdadero arrepentimiento. A Dios no le sorprende nuestro pecado, no le sorprende nuestra maldad, debilidad y malicia, Él solo quiere y desea nuestro arrepentimiento para así derramar Su gracia sobre nosotros.

 

El punto es que a veces nos olvidamos de esto cuando Él nos puso en la relación correcta con Él (Rom.8:30). Al igual que Jonás tenemos la tendencia de pensar que los demás son más pecadores que nosotros y que no son dignos del perdón y gracia inmerecidos de Dios. Pero nos olvidamos que solo la justicia de Dios es la que importa, la que fue demostrada en la Cruz para que nos fuera imputada (Rom.5:18). Nos cuesta reconocer que somos más parecidos al carácter de Jonás que a la esencia de Jesús, pero nuevas son cada mañana las misericordias del Señor que aún provoca tempestades, mares que rugen, aguas que nos ahoguen para volvernos a Él y a Su propósito. ¿Cuántas veces renegamos y huimos creyendo que Dios no nos alcanzará? ¡Oh gloria al Padre que no desiste de nosotros! ¡Gloria a Dios que persiste con sus lazos de amor! 

 

Y es ahí con el agua al cuello donde experimentaremos la inmensa gracia y Dios quien mantiene sus ojos fijos en nosotros y nos enseña el camino a andar, hará que miremos al prójimo tal cual Él lo ve. 

 

En Jeremías 29:11 dice la Palabra que Dios sabe los planes que tiene para nosotros son para lo bueno y no para lo malo, para darnos un futuro y una esperanza. Así que si nos encontramos en una tormenta, en medio de un mar que nos ahoga y nos lleva hacia abajo y la boca de un gran pez nos traga, Dios puede rescatarnos si nos humillamos. El Señor muchas veces permite que toquemos fondo para manifestar nuevamente Su gracia y restaurarnos. 

 

1) Estar en el suelo es una oportunidad para experimentar la gracia de Dios. 

 

Dios permitirá que podamos tocar fondo o llegar al suelo, para que sea Su gracia la que nos vuelva al lugar correcto. ¿Cuál es el lugar correcto? La dependencia total y plena de Dios. Hay decisiones que tomamos como la de Jonás que nos alejan del propósito de Dios. El hecho de tomar decisiones independientemente de la voluntad de Dios para nosotros, o sea basados en nuestra propio entendimiento nos puede llevar a un lugar donde Dios no quiere. Como Jonás nosotros muchas veces dependemos de nuestro propio entendimiento. El en su entendimiento pensaría, cómo voy a ir a ese lugar lleno de pecadores, hombres sin escrúpulos, sanguinarios, etc. Confió más en su entendimiento y eso lo llevo a irse lejos de la voluntad de Dios, o sea se fue la dependencia de Dios a la independencia. Dice en Proverbios 3: 5 (NTV) ¨Confía en el Señor con todo tu corazón; y no dependas de tu propio entendimiento¨. 

 

Dios usará esa situación incómoda, dolorosa producto de nuestras malas decisiones para otra vez alcanzarnos con Su gracia. 

 

2) En el escondite más profundo o más lejano, Dios siempre nos escucha. 

 

Al igual que la historia de Jonás, todos conocemos la historia del hijo pródigo. Así como el hijo pródigo tomo la decisión de alejarse, luego de experimentar dolor, hambre, etc., decidió volver. ¿Qué es lo que podemos aprender de esta historia? Dos cosas; que siempre se puede regresar sin importar cuán bajo hemos caído y que los brazos del Padre siempre están abiertos para recibirnos. 

No escuchemos más la voz de Satanás que dice que somos indignos, que ya no hay retorno, que Dios ya no nos ama por causa de toda nuestra inmoralidad y pecado. ¡Mentira! Eso es mentira, de su boca solo salen mentiras. ¡La verdad es que Dios está con sus brazos abiertos y no importa nuestro ropaje sucio, oloroso, mal oliente! 

 

Si leemos la historia del hijo pródigo en Lucas 15: 11-21 vemos que cuando entro en razón, dicho de otra manera tomo consciencia de su pecado, se dijo así mismo: ¨volveré a la casa de mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de que me llamen tu hijo…¨

 

Con esto queremos reflexionar lo siguiente, el cambio empezó en el corazón, el genuino arrepentimiento comenzó antes de llegar a donde estaba su padre. Así es Dios, mira el corazón del hombre, mira nuestro corazón y cuando hay genuino arrepentimiento Su gracia nos vuelve a abrazar. En ningún momento la Palabra dice de que fue llorando, etc., lo único que vemos allí es a un Padre que corrió a su hijo, lo abrazó, lo besó y las palabras del hijo fueron las siguientes: ¨Padre, he pecado…¨

 

¡No permitamos que el enemigo nos diga mentiras! Papá está esperando nuestro arrepentimiento para volvernos a cubrir con Su gracia. ¡Gracias Dios por tu fidelidad! 

 

3) Dispensadores de gracia, eso es lo que Dios quiere. 

 

En el devocional anterior mencionamos algo que hoy volvemos a refrescar. Por nuestra naturaleza caída hay una tendencia al egoísmo mientras que la naturaleza de Dios que es la misma que el Espíritu Santo es la de dar. Nuestro Padre por naturaleza es un dador y lo mismo quiere de nosotros.

 

Lamentablemente nos gusta que Dios derrame Su gracia sobre nosotros pero a nosotros nos cuesta dar a otros de gracia. Las palabras de Jesús en Mateo 10:8 son las siguientes; ¨de gracia recibisteis, dad de gracia¨.

 

Hemos recibido muchas cosas de parte de Dios, sanidad, liberación, restauración y la lista es larga porque ciertamente hemos recibido de Dios muchísimas cosas y entre ellas sobre todo gracia, o sea perdón gratuito. Entonces, ¿por qué somos tan mezquinos? Son directas y sencillas las palabras de Jesús, es un mandato, ¨den gratuitamente lo que recibieron¨. De Dios hemos recibido gracia sobre gracia, amor sobre amor, perdón sobre perdón. Nos perdono una deuda incalculable, para nosotros gratuita aunque no así para Jesús. Recibimos gracia cuando no la merecíamos y ¨los ninivitas¨ de hoy también pueden recibirla, somos el vehículo, los dispensadores de gracia que Jesús quiere usar. Demos de gracia lo que se nos ha dado de gracia. 

 

Entender que Dios nos ama, nos acerca sin temor porque el trono de la gracia está abierto cuando hay arrepentimiento. Jonás 2:9b ¨¡La salvación viene del Señor!

 

Gracias Señor, hoy nos acercamos sin temor creyendo que toda nuestra maldad e imperfección fue pagada en la cruz por Cristo. Padre, ayúdanos a dar de gracia lo que recibimos de ti, que es tu gracia. Amén. 

 

PD. Recordamos leer todos los pasajes bíblicos aquí detallados. ¡Demos de gracia!