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Vida Abundante Uruguay - Martes 30 de Marzo 2021 

Confianza: Una actitud

poco común

Por: Leticia Viera

“¿De dónde ha de venir mi ayuda?” (Salmo 121:1)

Hace un año atrás no podríamos dimensionar tantos cambios a nivel social.

El mundo entero siendo objeto de una misma situación. ¡Ya te imaginas a que me refiero! 

Estamos saturados de noticias que no son buenas, he compartido con algunas personas que pareciera una película de ficción.

Ha sido un desafío social mantener una mirada objetiva y esperanzadora. 

 

Si a esta realidad le sumamos todas las consecuencias devastadoras a nivel financiero: familias que han transitado perdidas, relaciones al punto de quiebre y demás. Ha quedado al descubierto nuestra fragilidad y cuán vulnerables somos.

El temor y la inseguridad han golpeado la puerta de muchos. De aquellos que parecían fuertes, de los menos afortunados y de los más adinerados. 

Se ha desatado una batalla emocional de situaciones de estrés, ansiedad y depresión en algunos casos. En fin, estamos todos en el mismo escenario.

Este fin de semana hemos sido invitados a reflexionar y hacernos la pregunta de cuál es nuestra actitud frente a esta realidad, y de muchas otras que no he mencionado.

¿En qué o quién nos estamos refugiando en estos tiempos malos?

¿Quién es nuestra fuente de esperanza?

¿Cuál es la actitud que estamos decidiendo tener frente a las circunstancias?

La angustia y ansiedad han sido el común denominador social, siendo la llave para llevarnos a tomar decisiones: tener una actitud de cambio y transformación, o de apostatar siendo vencidos por el desánimo.

El desafío es emprender el camino con fe y confianza no mirando por nosotros mismos si no de forma colectiva y de alzar la mirada.

“A la montaña levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda? Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra.” Salmo121: 1-2

¿Cuál fue la estrategia y actitud que tomó el salmista, respecto a lo que debemos hacer?

1)Enfocar nuestra vida y mirada en lo eterno y no en temporal:

           

No nos hace ningún bien tener la mirada puesta constantemente en las situaciones y el problema. Mientras más miramos el problema más grande se hace. Sin embargo, si ponemos nuestra mirada en el Señor y en todos sus atributos podemos encontrar paz y refugio y hallar descanso en Él.

2) No meditemos en la confusión.

 

Por más que las realidades puedan resultar desalentadoras, Dios sigue estando al control. ¿acaso Él no es soberano en toda circunstancia? Dios es el único que gobierna sobre todo y tiene todo poder y autoridad.

3) Reconocer que necesitamos ayuda.

 

Esto nos lleva a ser menos autosuficientes y más dependientes de Dios. Admitir que estamos necesitados es señal de rendición.

En Colosenses 3:1b-2 Pablo nos anima a buscar las cosas del cielo, donde esta CRISTO, sentado a la derecha de Dios y a pensar en las cosas del cielo, y no en la de la tierra, o sea en lo eterno en vez de hacerlo respecto de lo temporal.

Es difícil no pensar en los sucesos o que éstos no nos afecten de alguna u otra forma. No sería lo más humano y natural. 

En realidad, estamos siendo desafiados a mantener nuestra confianza en Dios.

¿Te sientes en peligro o en medio de una tormenta en estos momentos? Lamentablemente, estas cosas suceden desde este lado de la eternidad, pero el salmista nos anima a confiar en todo tiempo:

“No permitirá a que tu pie resbale; jamás duerme ni se adormece el que cuida de Israel.  El Señor es quien te cuida, el Señor es tu sombra protectora. De día el sol no te hará daño, ni la luna de noche. El Señor te protegerá; de todo mal protegerá tu vida. El Señor te cuidara en el hogar y en el camino, desde ahora y para siempre.” Salmo 121:3-8

El desafío es atravesar las tormentas de la vida con la seguridad que Él es nuestro ayudador en todo momento.

Esta fue la lección que Pedro y los discípulos aprendieron en medio de la tormenta en el Mar de Galilea (Mateo14:22-30)

Brevemente recordemos ese escenario: los discípulos en la barca solos ya lejos de la orilla, siendo zarandeada por olas. El viento era contrario y  la noche se avecinaba. Tal vez, los discípulos estaban cansados intentando remar hasta la orilla. No se relata el tiempo que ellos estuvieron  invadidos por el miedo. En la madrugada JESUS se acerca caminando sobre el agua. Pedro audazmente frente al llamado del Señor baja de la barca y se dirige a Él caminando por el agua, pero al sentir el viento fuerte tuvo miedo y comenzó a hundirse, entonces gritó “¡Señor, sálvame!”

Pedro tenía experiencia en el mar, pero toda su habilidad y destreza fue azotada por el temor frente a la tormenta. Mientras mantenía su mirada en la persona de JESUS se mantuvo sobre el agua y en dependencia absoluta. Una vez que la confusión y el temor lo distrajo comenzó a hundirse.

No era un panorama fácil para ninguno de ellos, mucho menos para Pedro. Quien frente al peligro grita por ayuda, y la mano extendida de Jesus lo salva.

No quiero extenderme mucho, pero quise tomar este ejemplo para que pensemos en las tormentas que enfrentamos. 

Nuestra actitud de mantener la mirada en CRISTO nos mantiene confiados y en calma y nuestro enfoque en la adversidad nos hunde en temor y desánimo.

Jesús quería trabajar en estos hombres para que tuvieran una confianza y fe mayor, una fe que pudiera estar arraigada en los momentos más profundos de dificultad de la vida cotidiana. Una fe robusta, fuerte, segura, audaz y valiente. Una fe que no se basara en sus habilidades, fuerza y sabiduría humana, sino que fuera centrada en la gracia y poder de Dios.

Esa misma fe y confianza poco probable quiere desarrollar en nosotros.

Dios obra en nuestras vidas y en medio del caos. Nos transforma en personas más dependientes y menos autosuficientes.

Las tormentas que se desatan en la vida son una oportunidad para Dios producir en nosotros lo que no podemos producir humanamente: su gracia y favor.

Las tormentas son una oportunidad para Él revelar su gloria. Él podría aquietar la tormenta antes de caminar sobre el agua, pero su intención no era eliminar la dificultad sino obrar en las personas en dificultad.

Pedro alzó nuevamente su mirada a JESÚS Y LE DIJO ¡¡SÁLVAME!!

La misma actitud la espera de nosotros: levantemos la mirada, pongamos los ojos en el autor y consumador de nuestra fe.

Y en seguida JESUS extendió su mano y lo sujetó ….

“Cuando subieron a la barca se calmó el viento. Y los que estaban en la barca lo adoraron diciendo: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios” (Mateo 14:32-33).

En medio de tu tormenta puedes pedirle a Jesús que te salve y Él te conducirá a Su lugar seguro, diciéndote: “¡Cálmense! Soy yo. No tengan miedo” (Mateo 14:27).

                                                                                                       

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