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Vida Abundante Uruguay - Lunes 8 de Marzo 2021 

Ana: Hábitos que transforman

(Oración)

Por: María Eugenia Marichal

1 Samuel 1:10 (NVI) ¨con gran angustia comenzó a orar al Señor y a llorar desconsoladamente.¨ 

 

Hay oraciones que tocan el cielo y son las que brotan de un corazón sincero. Dios siempre ve lo que el hombre no puede ver, podemos calificar o etiquetar a las personas según su apariencia exterior pero Dios no es así.

 

En 1 Samuel 16:7 ¨Pero el Señor le dijo a Samuel: -No te dejes impresionar por su apariencia ni por su estatura, pues yo lo he rechazado. La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón.¨  De hecho si leemos 1 Samuel 1:10- 12 el sacerdote Elí se fijo en la boca de Ana, dice la Palabra que los labios de ella se movían pero que su oración era en voz baja. Eso llevo a que el sacerdote Elí la ¨etiquetara¨ de borracha. Quizás el concepto que Eli tenía sobre la oración era más estructurado, religioso, que debía de ser de tal o cual manera y no entendía que Dios no rechaza la oración de un corazón rendido. Y con esto quiero tocar el primer punto.

 

1) Dios no rechaza un corazón rendido ante él.

Con esto no queremos decir que va a contestarnos a todo que sí, o de la manera que nosotros queremos, sino más bien que nosotros nos rendimos ante Su voluntad. Orar es rendirse ante Él. ¿Por qué? Porque sabemos que él todo lo puede, todo lo sabe, pero no basta con eso, ya que eso podría hacer que nos justifiquemos para llevar una vida pobre de oración y decir, no es necesario orar porque Dios ya sabe lo que necesito.

 

Las primeras palabras que Ana pronuncia son las siguientes; (1 Samuel 1: 11) ¨Señor Todopoderoso, si te dignas mirar la desdicha de esta sierva tuya, y si en vez de olvidarme te acuerdas de mí…¨. Vemos un principio en la oración de Ana que deberíamos aplicar cuando oramos. Ella sabía que Dios todo lo podía y eso mismo la lleva a rendirse delante de él. Hizo ejercicio de la oración, no basto para ella creer que Dios podía si quería darle un hijo sino que doblegó su corazón y a sabiendas de que Dios lo podía todo, optó por decir: aunque sé que tu todo lo puedes rindo mi corazón ante ti, y ante tus pies dejó mi petición.

 

Orar es rendirse frente a un Dios que aunque conoce nuestra necesidad, busca que vayamos en todo tiempo a él. 

 

Dios, a diferencia de Elí vio el corazón de Ana. Ella no oró para ser vista por los hombres. No oró conforme a los lineamientos impuestos por hombres, oró conforme a la voluntad de Dios. Quizás nos hemos sentido etiquetados por otros cuando oramos, o nos han dicho se ora de una u otra manera. Pero aún cuando no sea la oración perfecta o más sofisticada la gracia de Dios basta para perfeccionarnos, y transformarnos en hombre y mujeres de oración.

 

Ninguno de nosotros nació sabiendo todo, lo mismo pasa con la oración. Lo importante y más bello es que podemos comunicarnos con Dios mediante ella. Y a medida que vamos conociéndole vamos aprendiendo a orar. 

 

2) La oración es una disciplina, y esto nada tiene que ver con religiosidad.

 

Lo importante es orar, mantener activo nuestro tiempo con Dios, nuestra relación con Dios debe de ser de constante comunicación. El ser disciplinado en la oración es favorecedor para nuestras vidas, nos enriquece y nos mantiene en contacto con nuestro Padre. No debemos tomar la palabra disciplina como algo negativo sino como algo positivo. Disciplinarnos en la oración es como cuando hacemos ejercicio, quizás no nos guste pero sabemos que afectará favorablemente nuestras vidas. A veces nos dan ganas de tirar la toalla porque nos cansamos o porque no vemos el resultado que esperamos inmediatamente, pero orar a Dios siempre nos llevará a buen puerto, a sus brazos de amor. 

 

3) Orar de manera precisa.

Otro principio que podemos aprender de la oración de Ana. Volvamos a leer 1 Samuel 1: 11 ¨Entonces (Ana) hizo este voto: Señor Todopoderoso, si te dignas mirar la desdicha de esta sierva tuya, y si en vez de olvidarme te acuerdas de mí y me concedes un hijo varón, yo te lo entregaré para toda su vida,…¨

A veces suceden dos cosas en nuestra vida, no obtenemos lo que tanto anhelamos porque no oramos por ello y en otras tantas porque ni siquiera sabemos lo que queremos. Ana tenía bien claro lo que anhelaba de todo corazón y fue concisa en la oración. Nuestro Padre se complace en darnos lo que necesitamos pero no está dispuesto a cumplir con nuestros caprichos. Por eso siempre nuestra oración debe ser que sea hecha Su voluntad y no la nuestra. 

 

4) Podemos aprender a orar.

Como mencionamos en el punto número uno, nadie nació sabiendo todo. Lo mismo pasa con la oración. Incluso aunque llevemos años en la iglesia creemos que en humildad y con sinceridad podemos pedirle al Señor, "enséñanos a orar".

 

En Lucas 11:1 dice lo siguiente ¨Un día estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar,…¨ . (También podemos leer Mateo 6: 5- 15)

 

Quisiéramos concluir nuestro devocional con la oración modelo de Jesús y que quizás nos ayude en nuestra manera de orar.

 

a) Padre nuestro que estás en los cielos.

Oramos reconociendo que Dios es nuestro Padre y que hay un trono donde está sentado listo para escucharnos. Como hijos nos podemos acercar a él porque anhela relacionarse con nosotros. Allí está esperando que le busquemos. 

 

b) Santificado sea tu nombre.

Reconocemos que El es Santo, que es digno de toda gloria y honra. Es una manera de exaltarlo porque él está por encima de todo. 

 

c) Venga tu reino.

Al decir venga tu reino oramos para que Su propósito se cumpla en nosotros, porque es importante para nosotros Su persona, Él es nuestro Salvador, nuestro Redentor y Rey. El Reino de Dios es luz que venció a las tinieblas. Y debemos buscar primeramente el reino de Dios y su justicia (Mateo 6:33)

d) Hágase tu voluntad.

Oramos para que Su voluntad sea la que prevalezca. Esto manifiesta nuestra humildad y sumisión frente a nuestro Padre que siempre quiere lo mejor para nosotros. 

 

e) El pan nuestro de cada día.

El es un Padre que nos provee cada día el alimento necesario y también se preocupa por nuestra alma. El cubre nuestras necesidades porque así es él. 

 

f) Perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. 

Tenemos un Padre que nos proveyó un Cordero sin mancha, Jesús Su Hijo, para perdonar toda nuestra deuda o sea todos nuestros pecados. Y desea que también seamos capaces de perdonar a todos aquellos que nos ofenden. El nos ha perdonado y quiere lo mismo de nosotros, que perdonemos a quienes nos hieren, lastiman y nos ofenden. El es un Padre compasivo y tierno. 

 

g) Líbranos del mal.

Nuestro Papá tiene el poder y la autoridad sobre las tinieblas. El tiene perfecto cuidado de nosotros. Pero también nosotros debemos guardar nuestro corazón de no pecar. Tenemos la certeza de que él nos ayuda a vencer y podemos descansar en él en esta área también. 

 

h) Tuyo es el  reino, el poder y la gloria.

Nuestra dependencia de él debe ser total. Como un niño que siempre recurre a los brazos de Su Padre. El es eterno, Su belleza no tiene límites.      

 

Esta es la oración que Jesús enseño, quizás nos han etiquetado como a Ana pero Dios ve nuestra intención y podemos siempre aprender del Maestro. Quizás hayamos sido etiquetados como "poco probables" pero Dios está siempre dispuesto a escucharnos y si le fallamos es capaz de restaurarnos porque para él siempre somos probables. Podemos orar como oro Ana, con la certeza de que Dios la estaba escuchando. 

 

Abba Padre, enséñanos a orar. Estamos dispuestos a orar conforme a tu voluntad, y confiamos en que recibiremos la mejor respuesta, la que nos conduce a bien. Gracias por siempre escucharnos. Amén.

 

PD. Recordamos leer todos los pasajes bíblicos. ¡Seguimos orando!